Magalí Domínguez tiene 15 años y mientras camina alrededor de la plaza tararea "Let it be". Lleva una vela en su mano derecha y cada tanto enjuga una lágrima que le corre por la mejilla. Está triste, y se nota. Raro para su edad acompañar su pedido con música de The Beatles. "Ella me los hizo conocer", dice como explicación, y baja la mirada. "Ella" es María Isabel Osores, la mujer de 65 años que fue salvajemente atacada el sábado a la mañana por arrebatadores y que sufrió golpes tan terribles que su corazón dijo basta el lunes a la noche.

Magalí fue una de las más de 250 personas que ayer, pacíficamente, se congregaron en la plaza Independencia con una consigna: "nunca más".

De a poco fueron llegando y se esperaron con un escenario que no esperaban. A la misma hora manifestaban jubilados, trabajadores autoconvocados de la salud y dirigentes políticos de distintas extracciones. "No queremos que esto se politice. Nosotros queremos seguridad, poder caminar tranquilos por la calle. Muchos de los que están acá no nos representan", advirtió Marcia Valverde, una amiga de la escribana asesinada, señalando las distintas banderas políticas. Por eso, primero se unieron en la esquina de 25 de Mayo y San Martín, sobre la plaza, y levantaron sus carteles. El rostro de María Isabel se multiplicaba en las pancartas. La mujer, además de enseñar música en un colegio de Banda del Río Salí, era escribana de Catastro de la Provincia. Los delincuentes que la asesinaron fueron detenidos minutos después del ataque perpetrado en Marina Alfaro y La Plata, pero los manifestantes saben que falta mucho. "Estos tipos no pueden salir más. Eso es lo que queremos. Que la Justicia sepa que hay personas detrás de esto y que nos tienen que cuidar. Y queremos que la Policía haga prevención", se quejó Magalí Robles, amiga y comadre de la víctima. Más atrás, con perfil bajo, estaba Ramón Orso, el esposo de la escribana. "Mi hija no para de llorar. Nos destrozaron la vida. ¿Qué le tengo que decir yo a ella?", se preguntó. El hombre afirmó que en su barrio, Villa Alem, ya no se puede confiar en nadie. "Hay tipos emborrachándose y drogándose todo el día. Yo quiero que la Policía los detenga, pero sé que van a salir a las pocas horas. Entonces hay que cambiar las leyes", opinó. "La Policía actuó bien en detenerlo, pero lo que pretendo es que no ataquen. Para eso hay que prevenir", afirmó.

Los manifestantes dieron dos vueltas a la plaza y recogieron el apoyo de quienes a esa hora caminaban por la zona. "Vamos a seguir. Vamos a estar detrás de los jueces. Vamos a demostrar que el ciudadano honrado es el que manda", dijo Carlos Robles, un compañero de Osores.

Magalí aseguró que su maestra de música cambió la vida de muchas alumnas. "Era muy alegre, inquieta. Nos dejaba escuchar lo que nos gustaba, pero nos enseñaba cosas que no conocíamos. Me puse muy triste cuando me enteré lo que había pasado", dijo. A su lado, Valentina Jiménez la abrazó. Ni el ataque más atroz de los asaltantes podrá borrar la huella que la víctima dejó en quienes la conocieron.